Es la primera vez que escribo la crónica de una carrera, debe ser porque es la primera vez que participo no en una carrera, sino en una marcha, eso sí, de 25 kilómetros. La marcha de La Marmota, el 1 de diciembre en Colmenar Viejo. Me gusta andar por la montaña y con mi marido. Hacemos rutas de 18 ó 20 kilómetros, pero sin tiempo máximo, tanto es así que solemos estar 7 u 8 horas andando. Esta vez teníamos un máximo de 6 horas, y eso a mí me preocupaba. Mi marido estaba convencido de que sólo necesitaríamos cinco, pero yo no lo creía así.

Estuve muy ilusionada desde la noche anterior, bebiendo y comiendo lo que yo creía adecuado y preparando la mochila, comida, bebida, calcetines de repuesto. Cuando dieron el pistoletazo de salida empecé a andar despacio, pero el resto de los participantes andaban muy deprisa. Me desesperé un poco, pero yo sabía que no debía ir rápido al principio. Y efectivamente, al cabo de unos veinte minutos éramos nosotros los que adelantábamos a los demás.

A partir de la primera hora empecé a comer y beber con regularidad, primero fueron frutos secos, almendras y avellanas crudas y un par de medios plátanos y, a partir de las dos horas, empecé a comer las Heronymous. Yo ya las había probado en casa y estaban muy ricas, pero nunca andando a esa velocidad. Y me fueron muy bien, las podía morder sin que se deshicieran y se masticaban muy fácilmente. Y, lo mejor para mí, sabían a comida normal. Me fueron proporcionando la energía que necesitaba, en ningún momento se presentó la molesta acidez. Esto es importantísimo para alguien como yo con hernia de hiato.

Disfruté muchísimo, fue muy divertido y muy reconfortante ver cómo puedes hacer cosas que antes las creías imposible. Y terminé, no en seis horas, ni en cinco, como decía mi marido, sino en cuatro horas y siete minutos.

Remedios Calderón Pérez